El cumpleaños de Julián



Julián cumplió 6 años el mismo día que su madre salió en su Open 60 del Puerto de Barcelona destino Mundo. Durante 80 días no la vería navegar por tierra firme sino que serían los mares los que se la llevarían lejos de su Mallorca natal. No era la primera vez que salía de casa para sumergirse en aguas lejanas, lo había hecho en otras ocasiones y parecía que su padre lo asumía como un gaje del oficio pero él no entendía por qué tenía que estar tantos días fuera de casa. Además, las madres de sus amigos no eran capitan de barco.

La mañana de su cumpleaños su madre fue a despertarlo como de costumbre. Mientras Julián seguía con los ojos pegados a las sábanas, ella empezó a contarle una historia: - Te tuve con 31 años, fue un día muy especial porque sabía que la experiencia de ser madre me despertaría el instinto que me faltaba, simplemente amar por amar.

El niño escuchaba una voz, una mano y una mirada que lo acariciaban y sin abrir los ojos supo que aquella suavidad sólo podía ser de su madre. Y la siguió escuchando en silencio. - Durante estos años te he visto crecer, decir la primera palabra, nadar, he recorrido contigo las costas mediterráneas y vuelvo a saber de memoria la tabla de multiplicar. Hoy embarco en una nueva aventura, la Barcelona World Race, y para no alejarme de ti quiero regalarte este amuleto.

La palabra amuleto despertó la curiosidad de Julián que no podía romper la magia de aquel momento, le gustaba hacer creer a su madre que no la estaba oyendo. Sabía que la oscuridad despertaba los sentimientos más profundos de las personas y quería conocer más secretos. Aquel monólogo interior antes de salir al mar parecía una justificación y a oscuras era mucho más íntima. Así que el niño se calló y cerró fuerte los ojos aunque movió la mano derecha para intentar tocar el amuleto. No lo consiguió. Su madre inmersa en la historia no se dio cuenta de las intenciones de su hijo y siguió desvelando su interior: - Esta piedra preciosa fue el regalo del abuelo Darío cuando cumplí tu misma edad. Un detalle recibido antes de que él se fuera a Francia a trabajar, como yo misma. Pero él nunca me confesó que estuviera enamorado de su profesión, era simplemente la forma de vida con la que consiguió junto a mamá criarnos. El mar era su pasión y siempre que tenía vacaciones salíamos de la bahía del Puerto de Pollença hasta la de Mahón. Aquel fue mi primer viaje, también el tuyo Julián, ¿lo recuerdas?

- Sí, mamá- confesó Julián de un grito. Vi delfines por primera vez, conduje el timón del “Llevant” sentado encima del abuelo y nadé entre peces de colores hasta que ya no podía sostenerme más en el agua. Buceé con papá y tú me enseñaste a izar las velas. ¡Claro que me acuerdo!

- Para mí también fue muy importante aquel viaje y quiero que entiendas que la regata que me espera en alta mar durante los próximos meses también significa mucho. Mi pasión es el mar y despegar el mismo día que mi pequeño cumple años todavía lo hace más especial.

- ¿Por qué no puedo venir contigo? Vas a recorrer el mundo en 80 días como Phielas Fogg.

- En breve, tú también vas a atravesar el continente de este a oeste como hace tu héroe favorito pero esta vez mamá no te puede llevar con ella.

- ¿Por qué, es peligroso?

- No te preocupes, mamá estará bien y correrá más rápido que nadie para volver pronto a vuestro lado. Ya lo verás pero guarda esta piedra preciosa y llévala contigo siempre. Así yo sabré que estás a mi lado.

El niño miró a su madre, se incorporó y cayó en sus brazos para darle ánimos. En aquel momento Santiago encendió la luz de la habitación y dijo:

- Felicidades Julián, mamá navegará mientras tú y yo seguiremos ocupándonos de la casa y cuando vuelva le contaremos nuestro viaje.

- ¿Adónde vamos a ir nosotros, papá?

- Nosotros nos quedaremos en Mallorca que es mucho más grande de lo que aparece en los mapas y cada día navegaremos a un lugar distinto de la isla.

Con una sonrisa, un talismán y una aventura por descubrir, Julián cumplió media docena de años. Durante 80 días navegó junto a su padre por tierra firme y juntos llegaron hasta el corazón de su Mallorca natal. Atravesaron la Sierra de Tramuntana desde Banyalbufar hasta Fornalutx pasando por Sóller, Deià y Formentor. No era la primera vez que salía de casa para sumergirse en aguas cercanas pero aquella mañana de diciembre las olas del Mediterráneo eran frías y duras. Pensó en su madre y se acarició el pecho para sentir el talismán azul. En aquel momento supo que dónde quisiese que estuviera Alicia pensaría en él. No se lo contó a nadie, ni siquiera a su padre. Era un secreto. Solamente su madre era capitán de barco.

Cuento escrito por Joana Abrines y publicado en la segunda revista "El Mar de Barcelona" -enero 2008.

Comentarios

Bigode ha dicho que…
Feliz Ano Novo pra ti também, menina!
2008 sera lindo tanto em SP quanto em Barcelona...
Beijos!
Anónimo ha dicho que…
Ostres, quin conte....
me agrada molt,pot esta ben orgullosa se teva jefa......

besos llamj
Lideta ha dicho que…
Hola Joaneta!

Mai t'he deixat un comentari però tenc la sensació de que qualsevol cosa que et digui es quedarà curta! M'encanta llegir-te!!! Un xiiiito enoooorme des de la roqueta de'n Julián.

M. Reinés

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