casi-amor



En uno de mis romances de infancia me casé por lo civil con el mar. Como una lolita hambrienta degusté su chupa-chup
una mañana de invierno. No sentí frío ni vergüenza por llenarme de sustancias líquidas a los tres años. Entonces, mis orificios corporales estaban vírgenes y fueron fácilmente ocupados, de la misma forma que se desincharon sin remedio ni mala conciencia. Recuerdo que los besos sabían raro, como a dorada a la sal, y después de muchos golpes contra el mar, mis labios se convirtieron en higas pasas secadas al sol. Al despertar de la luna, mi madre denunció mi desaparición y acusó al vecino-viejo, nosotros le llamábamos “vecino-viejo-sin-nombre”, que convirtió mis brazos en aletas, mi piel en escamas y mis pies en raíces.

Excesiva e inacabada yo quería ser alta, bella y barbaroja como Ariel, pero el Señor Disney no me preguntó cómo quería ser. Walt, el vecino-viejo ahora-con-nombre, quiso que fuera la nueva mujer congelada y me abandonó a mi delirio. 280 años después vinieron a buscarme en la panza de mi marido para hacer una película de dibujos animados: “la niña precoz” se llamaba y creó situaciones de difícil aceptación para la sociedad del siglo XXI. El póster apareció en el recibidor de los padres que con 13 y 15 años tuvieron un bebé-sin dinero ni nombre. Quise santificar a narciso por su onanismo, pero no me dejaron y celebraron el día del casi-amor, por no llamarlo por su nombre

Comentarios

Azahara Palomeque ha dicho que…
Por fin alguien que me entiende! Yo también fui una niña precoz ;) Además del tema, me gusta el texto. Un besazo.
Anónimo ha dicho que…
El articúlo me gusta mucho,llegaras muy pronto a vivir muy bien de lo que has hecho.
Escribir es tu futuro trabajo.

Es tu sueño y el nuestro gracias para que lo podamos valorar.

llamj un beso y salud

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