El mágico tres



Tengo una gran amiga que confía más en los números impares que en los pares. El tema es personal y jamás he profundizado más de lo que os comento porque se echa a llorar cuando le hablas en parejas. Hoy recupero los impares porque entre guionistas se habla de la magia del número 3 en televisión. “Sisino hace más risa que un no y un si, independientes”, nos instruyen en el Posgrado de Guión Televisivo que curso en Barcelona. Le he dado una vuelta más, he reído con monólogos de una clasificación de tres elementos,... pero cuánto más humor veo más me cuesta comprender los mecanismos del formato. Jamás he sido la graciosa de los grupos, tampoco lo he pretendido. Mis amigos se ríen cuando hablo enserio, cuando soy profunda y poética en temas banales. A todo le doy la importancia justa: 3,2%. Es realmente difícil trabajar en guiones para programas de humor cuando una es como la virgen cómicamente, azul y sin gracia. Así que he decantado mi búsqueda hacia lo que conozco con mayor devoción: la cultura.

A pesar de todo lo que digan, confío en que la buena cultura puede ser televisada, que se mantenga en la guerra de las audiencias ya depende de otros departamentos y no de las cabezas pensantes de los programas. Es posible hacer una cultura que vaya más allá de simples agendas o presentaciones de libros y estrenos de películas y obras de arte. He proyectado un programa generador de cultura titulado “Anochece Temprano” porque yo sin luz caigo rendida. Me gustaría vivir más horas al día que multiplicadas por el mes, el año, y así hasta la muerte, son muchas más experiencias vitales.

Bueno, a lo que iba. Todos los cruzados llevamos arte en nuestra sangre y según un estudio, que todavía no se ha publicado pero que me viene como anillo al dedo menique del pie izquierdo, somos muchos los que tenemos inquietudes artísticas en esta vida demasiado corta. Caté el panorama televisivo actual ante los máximos directivos de las cadenas, cuando les pregunté qué opinaban sobre la ausencia de cultura en el medio y pronuncié la palabra, que más tarde supe inadecuada, cultura underground. Ante tal osadía, sintieron pavor y yo me hundí, cual gota de vapor en una tarde de lluvia, bajo sus miradas. Aquel día me quedé sin respuesta pero continué mi búsqueda personal, casi en silencio porque todos necesitamos ser aceptados y yo en aquel momento no lo era.

Escuché decir a Buenafuente, un ilustre maestro en esto de mantener despierto a un país, que “la televisión depende de nuestro trabajo y de nuestra ilusión porque en el medio hay mucho Hipercor”. Pensé que debería haber programas culturales sin un segundo de desperdicio televisivo y lo encontré en la red. El programa emitido en BTV, desde 2001 a 2004, “Boing Boing Buddha”, creado y guionizado por Félix Pérez Hita y Andrés Hispano, era lo que buscaba.

No podía tener mayor suerte, Andrés Hispano sería nuestro siguiente instructor en el Posgrado. Aprendí escuchándole y no pude más que abrir todos mis sentidos ante tal monstruo de la palabra. No puse en duda ninguna de sus duras aseveraciones hasta que llegué a casa y leí de nuevo los apuntes en “tierra de nadie”. La batalla la ganó el, por supuesto. Sus referentes eran para mí desconocidos y al hablar con él a la hora del patio me mandó leer “Ways of Seeing” de John Berger, traducido al español por “Modos de ver”. Me prometió el camino hacia el éxito seguro y sin moraleja. Este título fue antes programa de televisión que libro, una rareza donde las haya, que se puede encontrar sin problemas y sin subtitulos en youtube. La primera cita del libro, ya subrayado, dice: “La vista llega antes que las palabras. El niño mira y ve antes de hablar”.

PD: Sr. Berger, me dirijo a usted sin faltarle. Me gustaría decirle que acaba de desmontar toda mi proyección personal y el resquicio de laboralidad que hay en mí. Entiendo su postulado: “somos en relación a nuestra forma de mirar el mundo que nos rodea”, pero también somos en función de lo que decidimos contar o escuchar de las imágenes que han invadido nuestro pasado y que están invadiendo nuestro presente. Confío tanto en la palabra como mi amiga en los número impares. Es más, Sr. Berger confío mucho más en la palabra que en las imágenes, aunque todavía me siento como la virgen, azul y sin gracia, para poder hacer un estudio sobre ello. Seguiré pensando y intentaré demostrarlo en el programa que espero que algún vea la luz: “Anochece temprano”.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Te noto en cambio, aún más hacia la profundidad. Qué pena que me pilles tan lejos para compartirlo más de cerca...

Nómada :)
joana abrines ha dicho que…
Niña, gracias por estar ahí siempre. La distancia física se puede eliminar de raíz, siempre.
Anónimo ha dicho que…
Anochece temprano, me gusta y segura que este programa vera la luz.

Sabes que como dice el abuelo,siempre tienes que tener coraje y que no te lo tiene que quiatr nadie.

llamj, una besada

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