¿ceguera o evidencia?



Desde mi manipulado estado vidente, percibo la ceguera como un punto negro en el fondo del iris. Un punto de inconexión, tal vez mal entendido, porque en el mundo existen 37 millones de personas invidentes que huelen desodorantes, escuchan motores urbanos y palpan bocadillos de jamón. Sus sentidos se fijan en diminutos cambios de eco, de fragancia y de textura para entender el mundo. Leen en braile, navegan por internet a oscuras, ven películas a través de la transcripción oral y pasean con bastones que hablan. Pero ¿cómo ve el color rojo un ciego?, ¿cómo se ve a él mismo? Seguramente, a través de un artista creativo, individual, caprichoso y muy sensible llamado cerebro.

En el siglo XXI hay que quitarse el abrigo de la videncia para comprender que existen científicos, políticos, estudiantes, paseantes, ciclistas, viajeros, pintores y fotógrafos ciegos. Además de exposiciones a oscuras donde los guías son los propios invidentes que navegan por mares de olores, sonidos, silencios y texturas.
El premio nobel José Saramago describe la ceguera en un ensayo como luz blanquecina y destellos cegadores recogidos magníficamente por Fernando Meirelles en su última película.

¿Y si ver significase quedarse en la superficie de las cosas?

Comentarios

Alberto López Martín ha dicho que…
Leí el libro y me pareció muy bueno, aunque de la trilogía me quedo con la caverna... y tengo muchas ganas de ver la peli.

Un beso!!

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